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Arco Minero del Orinoco: el ecocidio más grande de Sudamérica

 

PILAR DESIRÉE GONZÁLEZ | En una de las reservas naturales más importantes del mundo, ubicada en Venezuela, se encuentra el Arco Minero del Orinoco (AMO), conformado por más de 110.000 km2, que abarca los estados Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro. Algunos entendidos señalan que es una superficie más grande que Cuba, Irlanda o Croacia, y se encuentra en pleno pulmón de América del Sur, constituyendo el 12% del territorio nacional.

 

El AMO es una zona de gran biodiversidad que comprende bosques, selvas, monumentos naturales y cuencas que están protegidas por leyes y convenios internacionales. Por orden del Ejecutivo, en febrero de 2016 se activó un proyecto que estima la explotación de minerales estratégicos (carbón y manganeso); minerales metálicos (oro, hierro, bauxita, cobre, cromo, magnesita y níquel) y minerales no metálicos (diamante, fosfato, caliza, feldespato, dolomita, yeso, caolín, grafito y talco), que pretenda implantar un modelo de minería ecológica que genere nuevos ingresos al país y supere el esquema monoproductor, es decir, el rentismo petrolero.

 

 

El proyecto consiste en promover la minería a través de la creación de empresas mixtas en las que el Estado venezolano sea titular del 55% de las acciones con igual porcentaje de ganancias. Las empresas interesadas en unirse al proyecto son de origen ruso, canadiense, británico, surafricano, estadounidense, chino y australiano y podrán establecerse en las cuatro divisiones en las que está dividida el AMO.

 

Según World Gold Council y Statista[1] , existen veinte países con las mayores reservas de oro a nivel mundial. Venezuela ocupa el 14º puesto y es el único en América Latina. Otra de las ambiciones del proyecto es posicionar a la región como la segunda reserva de oro más grande del mundo y ubicar al estado Bolívar como una opción económica no petrolera. Todo ello, sin tomar en cuenta el daño ambiental y cultural a las poblaciones indígenas que allí habitan.

 

En la explotación minera se utilizan químicos que son  tóxicos y dañinos al ecosistema. El mercurio y el cianuro son componentes básicos en la minería y afectaría, además, a la cuenca del río Orinoco, a la atmósfera y a masas forestales. Este ecocidio vulnera lo pactado en  la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD) de las Naciones Unidas, Convenio sobre Diversidad Biológica y las legislaciones nacionales con competencia en la materia.

 

En esta zona habitan las mayores cantidades de pueblos indígenas Pumé, Kariña, Warao, Arawk, entre otros, coincidiendo la actividad minera con la ubicación, desde tiempos ancestrales, de estas comunidades, impactando así en los hábitos de vida tradicionales y costumbres. El antropólogo y profesor Ronny Velásquez señala que “el oro, para los pueblos indígenas era concebido como una ofrenda de los Dioses, que representa del Sol que les da vida, aquí, podría entenderse que hay una relación mítica (…) Para ellos, el oro sirvió sólo para realizar obras de arte, de orfebres aborígenes. Ni siquiera fue usado como moneda de intercambio”[2].

 

El derecho a un ambiente sano y  de los pueblos indígenas ha pasado a un segundo plano por el interés mercantilista del Gobierno venezolano, pese a tener una Carta Magna con un gran enfoque en derechos sociales, se ha violado lo normado en convenios internacionales y nacionales.  Las voces de numerosos movimientos ambientales y de pueblos indígenas en contra de esta intención no han sido tomadas en cuenta. Es momento de responsabilizar jurídicamente  los delitos por ecocidio, ver más allá de los intereses político-económicos de los gobiernos de turno y denunciar los atropellos que afectan nuestro desarrollo.  En definitiva, “para las comunidades indígenas la relación con la tierra no es meramente una cuestión de posesión y producción sino un elemento material y espiritual del que deben gozar plenamente, inclusive para preservar su legado cultural y transmitirlo a las generaciones futuras”[3], según señala la Corte IDH en el caso de la comunidad mayagana.

 

[1]https://www.merca20.com/los-20-paises-con-mas-reservas-en-oro-solo-un-latinoamericano/

[2]http://www.laizquierdadiario.com.ve/Arco-Minero-del-Orinoco-vulnera-fuentes-vitales-y-diversidad-cultural-en-Venezuela

[3]3 Corte IDH. Caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni Vs. Nicaragua. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2001.  

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