POBREZA, EL DÍA A DÍA DE 50 MILLONES DE MEXICANOS

Mercado callejero de antigüedades en una de las calles de la ciudad de Puebla.
Fuente: Sheila Montes

Cagalera vive con su familia en un pequeño pueblo de la alcaldía de Xochimilco, San Gregorio de Atlapulco. Tiene un carácter vivo, enérgico, y pícaro que le hace ingeniárselas para sobrevivir en su día a día. Comparte habitación con su hermano y hermana, desde donde cada noche se ven obligados a escuchar los golpes que su padre alcóholico propicia a su madre. Ella es una mujer valiente que recibe cada puñetazo e insulto pensando en que es mejor que el hombre se descargue con ella antes que con alguno de sus hijos. La familia no tiene ingresos fijos; viven de lo que cada uno de ellos “se apaña” para llevar a casa.

Moloteco, inseparable amigo de Cagalera, es un joven huérfano que vive en una chabola construida sobre un descampado a las afueras del pueblo. Ambos chicos, protagonizan la película “Chicuarotes”, del director mexicano Gael García.

 

Escena de la película en la que Moloteco y Cagalera acaban de atracar un camión público. Fuente: Google

La realidad que este film representa es la de una sociedad que habita en un pequeño pueblo invadido por la pobreza. Aquí, no hay escuelas, institutos o universidades: un pasatiempo que no sacia los rugidos del estómago causados por el hambre. Los jóvenes de San Gregorio de Atlapulco no conocen los valores del sacrificio, el trabajo o la constancia. Delinquir es una palabra que para ellos ha perdido todo su peso. Atracos en camiones públicos, trapicheos con drogas, robos en pequeños comercios, incluso secuestros, para ganar algo de dinero con el que escapar del pueblo. Pensando que la vida fuera de él les va a poner las oportunidades de éxito delante de sus narices.

 

Mujer en mercado de Cholula, Puebla, atendiendo su puesto. Fuente: Sheila Montes

El guión de la película es de Augusto Mendoza, quien comenzó a escribirlo hace más de 10 años, aunque poco ha cambiado la realidad del México más desfavorecido. Según el CONEVAL (el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social de México) en su último informe de medición de pobreza, en 2018 habían 52,4 millones de personas en situación de pobreza y 9,3 en pobreza extrema. El censo poblacional de México cerraba el año 2019 con 125,9 millones de habitantes. El informe arrojaba datos como que dos de cada cinco personas son pobres, dos más son vulnerables de serlo por sus bajos ingresos, y solo una no es ni pobre ni vulnerable.

 

Señora vendiendo pulseras y souvenirs en el Parque de Teotihuacán. Fuente: Sheila Montes

En este contexto es interesante saber que los indicadores que utiliza el CONEVAL para la medición de la pobreza son: ingreso corriente per cápita, rezago educativo promedio en el hogar, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a la alimentación nutritiva y de calidad, grado de cohesión social y grado de accesibilidad a carretera pavimentada.

 

En cuanto a pobreza se refiere, una vez subido el peldaño de tener cubiertas las necesidades alimentarias, hay toda una escalera de premisas por cumplir. Aunque indudablemente, una de las reflexiones que deja Gael García en su película comentada en las primeras líneas de este texto es la importancia del acceso a la educación: lo que va a nutrir, ahora no al estómago, pero sí a la formación de la persona en valores tan importantes para el bien común como son la igualdad de género y el respeto a la mujer, la aceptación social del colectivo LGTBI, la NO violencia, la convivencia basada en el respeto por el otro, la actitud de ganarse los logros con trabajo y no por picardía. Una sociedad empobrecida no es únicamente aquella que pasa hambre.

 

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